El canto de un cisne

Confirmo en este post que la vida es maravillosa, aun cuando pueda parecer lo contrario. Estoy viviendo un proceso en mi vida que necesito compartir con el universo. Tras un enorme golpe emocional he cambiado de mentalidad, o de nivel de consciencia, no lo sé. Lo que sé es que ahora pienso de manera diferente.

Cuando la rabia da paso a la serenidad

Un querido amigo se muere. He ido a visitarle al hospital y me he podido despedir de él, en cierta manera. Me siento privilegiado porque fue conmigo su última conversación lúcida, en español, y hablamos de proyectos de futuro. Ya no estaba bien, pero era imposible adivinar que caería en picado como lo hizo esa misma noche. Al día siguiente, fui el primero en verle en estado alterado. Había tenido otro derrame cerebral y había algo que no funcionaba. Esta vez parecía en serio. Le hicieron una resonancia magnética de urgencia para constatar que su daño cerebral era demasiado grave. Tan intenso que se había quedado en estado semivegetal de manera irreversible. Fue enviado de urgencia a otro hospital, con unidades especializadas en daño cerebral. Me despedí de él en una sala de espera de urgencias, en donde estuvimos esperando cinco horas hasta que le sedaron y le dieron una habitación. Le dí dos besos y me despedí de él. Comprendí perfectamente el alcance de la situación.

El canto de este cisne me ha permitido comprender que, al final, todo está bien.
Y si no está bien, es que no es el final.

El golpe de realidad me dejó perplejo. Ya está. Se acabó. No habrá más. Ahora serán los recuerdos. Se me multiplicaban las emociones. Me fui a andar por los aledaños de la Torre Eiffel y tras tres horas de marchas forzadas por el Sena me sorprendí de la evolución de mis emociones. La pena era evidente, pero me sorprendió alcanzar un estado de rabia furiosa en dos direcciones. Por un lado, rabia hacia mí por no haber estado un poquito más atento a las cosas que pasan a mi alrededor y por no haber sido más incisivo en mis mensajes. Por otro lado, rabia hacia mi amigo por su comportamiento poco maduro durante toda su vida. Pasé de odiarme a mí a odiarle a él. Todos estos años luchando contra viento y marea, ¿para terminar así? Me entraban ganas de matarle yo mismo. ¿Hemos estado luchando todos estos años contra “su” viento y “su” marea para llegar a la orilla y morir? ¿Hemos soportado todos estos años los golpes de un viento huracanado y el ahogo de un tsunami fuera de control para fallecer justo ahora, cuando el viento ha cesado y la marea ya no tiene fuerzas para crear ninguna ola?  Me pregunto de qué ha servido tanta lucha y tanta bronca. Siento que abandona sin haber ganado nada y me entran ganas de soltarle el puñetazo que debí haberle soltado unas cuantas veces, a ver si espabilaba.

El odio se equilibra con amor. No pude evitar pensar que mi amigo está teniendo mucha suerte, al fin y al cabo. Puede que se vaya joven, con 56 años, pero lo hace de una manera muy elegante, sin hacer ningún ruido. Siempre fue un caballero, como los de antes, y lo sigue siendo ahora, incluso en su lecho de muerte. Tendrá la suerte de irse joven porque le aterra envejecer. Le da miedo cumplir años en la soledad más absoluta y envejecer en un entorno lleno de incertidumbres. Está convencido de que ya nadie le va a querer, aunque sí a su dinero y a su posición social. Eso le resulta demoledor y le llena de inseguridades. Está convencido de que nadie le querrá amar y ese hecho le resulta demasiado duro de aceptar. Hoy le queda su madre, pero visualizarse en el futuro viviendo completamente sólo en una casa le causa auténtico pavor y la sola idea le genera depresión. Tiene suerte de ahorrarse tanto dolor. Se va joven, pero parece que se va en el momento más ajustado a su felicidad. Eso es una suerte. “Il y a toujours quelque chose d’absent qui te tourment” solía decirle. No lo sabía pero era la ausencia de un futuro basado en el amor lo que le atormentaba. Ya había sufrido toda una vida sin excesivas pruebas de cariño de su entorno más inmediato y no deseaba continuar más en la misma dirección.

Cuando el dolor da paso a la felicidad

Cuando un amigo se va, algo se te muere en el alma. Es una descripción muy certera. Se desvanecen los proyectos de futuro, porque sin uno de los protagonistas estos ya carecen de sentido. Un dolor muy profundo en tu alma te hace recordar eventos del pasado que no sabíamos estaban llenos de felicidad. Cierras los ojos y visualizas en tu cabeza imágenes de una época en que éramos tan felices que ni reparábamos en lo felices que éramos. Tantas cosas juntos, tantos incidentes desagradables y tantos momentos enloquecedores fueron forjando una amistad con tantas aventuras como Zipi y Zape y tan fuerte como el Increíble Hulk.

El dolor que sientes por la muerte de tu propia alma, en la forma de pérdida de un ser querido, te hace replantearte tu papel en este momento. Tras mucho rato en silencio esperando que algo ocurriera en una sala de un hospital te das cuenta de que puedes optar por dos roles: positivo o negativo. No es posible el neutro. Creo que he tenido un pequeño salto de consciencia que me ha permitido ver las cosas desde otra perspectiva más elevada. Cuando decidí ser fuerte ante la adversidad y aceptar serenamente la realidad mi cabeza empezó a pensar de manera más… elevada. No sé explicarlo. Desde más arriba las cosas se ven más positivas. Es como si me hubiese elevado de frecuencia. Ahora siento que puedo conectar naturalmente con cosas que generan felicidad y que aportan equilibrio al universo.

Cuando te sientes fuerte ante la adversidad no te dan miedo los siguientes pasos. Al revés, si encima te gustan los retos, yo mismo he visto que se puede cambiar algunas cosas. Para empezar puedes transformar un proceso basado en el dolor y la pena en otro basado en la ilusión y la unión. Yo he encontrado ese punto de equilibrio con la publicación de un libro sobre mi amigo, escrito por aquellas personas que más le querían. Le susurraremos trece cosas al oído. Los trece conectores serán los que de manera natural multiplicarán un mensaje positivo hacia sus círculos de influencia, viralizando un objetivo, que será crear un espacio de unión y amistad en homenaje a quien había sido nuestro conector base. Esa idea da felicidad. Si eso es lo que él quería, encontraremos la manera de llevarlo a cabo. La idea de poder materializarlo me genera una ilusión enorme. Quiero hacer algo grande para alguien que, sin saberlo, era grande. Sus valores le hacían grande.

He tenido la suerte de vivir el canto de un cisne

Ya acepto con cierta naturalidad que mi vida es un cúmulo de situaciones surrealistas. En mi caso concreto el ser querido que abandona mi vida es el mejor ejemplo de héroe byroniano que he conocido en mi vida. Son justamente sus cualidades lo que le hacen vulnerable. ¿Es posible mantener la inocencia a los 50 años? Pues sí, pero es justo esa inocencia la que te va haciendo cada vez más vulnerable ante los buitres que están volando a tu alrededor. ¿Es posible mantener valores tradicionales a pesar de que el resultado pueda parecer un desastre? Pues también, pero esos mismos valores interpretados desde otra perspectiva cultural pueden poner a uno en situación de debilidad y dependencia. Resulta muy fácil crear miedo y dependencia en una cabeza convencida de la honestidad de sus interlocutores. Tan inteligente y tan poco listo. Así le ha ido.

Pues este héroe byroniano ha vivido un canto de cisne de libro y yo he sido testigo del proceso. Tras una evolución muy negativa, derivada de varios derrames cerebrales, algo debió de conectar en su cabeza que, durante dos días, todo parecía ir muy bien. Una recuperación milagrosa nos permitía hablar en español y fantasear con proyectos de futuro en Madrid. Hasta nos dimos un paseíto por los pasillos del hospital hasta el jardín. De repente, empezó a comer y a dormir. En dos días de lucidez hablamos de muchas cosas, con suavidad y a susurros por un dolor que le estaba machacando la cabeza. Esa mejora acabó de manera brusca la noche del segundo día de lucidez, tras un derrame cerebral de proporciones tan serias que generó un daño cerebral irreversible. El cisne se moría, lentamente, y en paz consigo mismo.

Puede que el proceso me haya afectado emocionalmente de una manera tan intensa que realmente yo esté en estado de shock e inconscientemente piense que todo esto me haya ayudado a ver las cosas de otra manera más positiva. No sé cuál es la realidad. Lo que si percibo es que no soy capaz de concentrarme más de tres segundos en pensamientos negativos porque estos son sustituidos por otros positivos que generan mucha ilusión en mi cabeza. Siento que el canto de un cisne me ha elevado emocionalmente. Me ha permitido comprender que todos estos años de incertidumbres estaban generando la base para que un día se concentrara una fuerza tan intensa que generase un terremoto en mi cabeza y un salto mortal tirabuzonado hacia adelante en mi forma de pensar. Hacia lo positivo.

Me siento muy afortunado por ello.

Gracias Q. F. por elevarme a otro nivel de consciencia de las cosas. Este ha sido tu mejor regalo, amigo.

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Acerca de Rafael Martinez-Cortiña

21st century life explorer in Madrid, a city that makes sense
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