Fianza sin confianza vs confianza sin fianza: El lío 3.0

Antaño para fiar era conveniente poder confiar, pero nos hemos encargado de ir cambiando las cosas para que “fiar” y “confiar” se hayan convertido conceptualmente en dos unidades con distintas combinaciones binarias, y cada una de ellas con sus correspondientes repercusiones normativas.

EN LA SOCIEDAD INDUSTRIAL LA GENTE SE FÍA

confiarFiar procede del latín fidāre (por fidĕre) y la RAE lo entiende como “asegurar que otro cumplirá lo que promete o pagará lo que debe, obligándose, en caso de que no lo haga, a satisfacer por ello”. Ello implica que tradicionalmente hemos podido:

(1) Asegurar con avales, seguros, reaseguros, certificaciones de solvencia y la participación de intermediarios financieros y garantes diversos.

(2) que otro cumplirá lo que promete mediante los sistemas de garantías y avales legalmente reconocidos (implicando notarías, Hacienda Pública, registros, entidades financieras, administraciones públicas, gestorías, etc).

(3) o pagará lo que debe a través de un sistema de penalizaciones bancarias, legales, fiscales, administrativas y/o mediáticas. Nuestro sistema legal deja muy claro cuáles son las posibles infracciones a una norma y nuestra filosofía es que quien la hace, la paga.

(4) obligándose, en caso de que no lo haga con el miedo siempre encima de que un incumplimiento será castigado por entidades financieras, administraciones públicas y/o organizaciones que velan por sancionar a los perjudiciales ciudadanos o empresas.

(5) a satisfacer por ello mediante el sistema de multas y recargos correspondientes, con listas públicas de infractores y morosos, si no son capaces de satisfacer el compromiso adquirido.

Hemos generado un sistema normativo punitivo que fía normativamente la provisión de servicios, pero ello no ha generado confianza en la ciudadanía ni en el sistema. Fiamos la confianza en las garantías y lejos de conseguir una sociedad más confiable, hemos conseguido todo lo contrario. Ahora la ciudadanía siente menor empatía hacia un sistema basado en los férreos principios de la “fianza” y tampoco siente mucha confianza ante la garantía. En España, de hecho, pensamos que “las marcas mienten, carecen de valores y no contribuyen a un mundo mejor”. A pesar de todas las garantías.

EN LA SOCIEDAD DIGITAL LA GENTE CONFÍA

fiarConfiar procede del latín confidāre (por confidĕre) y la RAE lo desarrolla como “depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la hacienda, el secreto o cualquier otra cosa”. Ello implica que ahora podríamos:

(1) Depositar en alguien”, no en cualquiera, sino en alguien que es miembro de tu comunidad de pares y cuenta con reputación digital. Deseas que tu conductor sea un miembro de Blablacar, a quien reconoces como tu igual.

(2) sin más seguridad que la buena fe, ya que no existe ningún tipo de garantía. De ninguna clase. Cero. Los esquemas colaborativos funcionan sólo con la confianza, que es una emoción que no requiere de certificados oficiales. Aparecen incógnitas de la función económica de la demanda que no sabemos conjugar legalmente ni podemos valorar económicamente. Surge en el mundo de los negocios la empatía como nueva palanca generadora de millones de dólares e interacciones.

(3) y la opinión que de él se tiene mediante el sistema de reputación digital y absoluta transparencia de los miembros de una comunidad virtual entre sí, quienes funcionan como un cerebro interconectado globalmente 24/7. El nuevo sistema premia a los ciudadanos excelentes y relega al olvido a aquellos que no son dignos de confianza.

(4) la hacienda mediante un sistema de plataformas que ponen en contacto a personas que desean compartir sus cosas. Abren sus casas en HomeAway, venden en Wallapop, cocinan sus mejores platos en Eatwith, aprenden con otros miembros de la comunidad en Tutellus o Milingual y viralizan contenidos en las redes sociales. Ello ocurre porque lo pide una demanda que está deseando pagar por ello, siendo eso justo lo que desea: el toque humano que la industria le niega.

(5) el secreto o cualquier otra cosa o la denominada experiencia, que no trata de ofrecer algo increíble, sino aquellas cosas que pedimos todos: estar tranquilos, sentirnos libres, saber qué pagamos, no sentirnos aislados ni manipulados y creer que no tenemos dudas. En el Peer-to-Peer, esa es “la experiencia” y pueden ofrecerla muchas personas, pero pocas empresas.

Las comunidades online operan bajo un esquema autorregulatorio que fomenta la realización de transacciones sobre la base de la confianza, la empatía y la reputación digital. Nuestra dinámica actual en España está intentando restringir normativamente estas iniciativas, encajando fenómenos de demanda en marcos normativos de oferta.

AQUÍ EN ESPAÑA TODO ES UN LÍO 3.0

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#SharingMadrid es un evento donde se concentraron empresas que han generado ecosistemas de confianza. Sus clientes no les piden garantías porque entre ellos existe la confianza. ¿Cuánto confían tus clientes en tu empresa?

Las cosas están cambiando y no saber identificar la ocasión a tiempo puede generar riesgos significativos. Los grandísimos Blockbuster, Kodak y Nokia no supieron comprender la transformación digital y (casi) han desaparecido. En un lustro esas marcas sonarán tan históricas como la Gran Depresión de 1929. Sin embargo, Uber, BlaBlacar y Google han sabido comprender la transformación digital y han aparecido, pero a uno le prohibimos primero (y luego le dejamos sobrevivir con cuentagotas), al segundo le enjuiciamos cada dos por tres y al último le invitamos a irse, porque nuestras leyes no entienden su idioma.

Para clarificar un poco el embrollo, la Autoridad Catalana de Competencia acaba de publicar un informe denominado “Transacciones entre iguales (P2P). Un paso adelante” (mayo 2016) en el que sitúa a los peers como el centro del nuevo paradigma, pero plantea la necesidad de acometer retos normativos, si o si, en España, en consonancia con las conclusiones preliminares de la CNMC al respecto.

Nuestro sistema se está configurando con dos actores que tienen una comprensión distinta de la economía:

  1. Por un lado, la economía de las empresas (Business-to-Consumer), que fomenta el sistema de fianza y garantía, se desarrolla bajo un marco regulatorio complejo, necesita una enorme maquinaria administrativa y está en crisis. Entiende la economía desde la oferta.
  2. Por otro, la economía de los ciudadanos (Peer-to-Peer), que fomenta un sistema de confianza, necesita una sencilla maquinaria administrativa, se desarrolla bajo un simple marco autorregulatorio y está en expansión. Entiende la economía desde la demanda.

Ya están claramente diferenciados los esquemas que funcionan bajo la “economía de empresas” de aquellos que funcionan bajo la “economía de ciudadanos”. Sin embargo, preferimos otorgar el mismo tratamiento normativo tanto a la fianza como a la confianza, sabiendo que siguen dinámicas diferentes. Seguir metiendo los nuevos esquemas digitales de demanda en el mismo saco analógico de oferta de toda la vida ya no parece muy sensato.

¿Qué haremos ante los próximos retos normativos? ¿Dónde dejamos hueco para el nuevo ciudadano productor?

PD: La foto es de junio de 2017 en #SharingMadrid con Nuria Hernández, CEO  de YottaHost.

PPD: El texto de este artículo fue escrito en mayo de 2016 para un diario online que decidió no publicarlo porque resultaba “confuso para sus lectores”. Desde entonces en España no ha cambiado casi nada. Esa era la sorpresa.

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Acerca de Rafael Martinez-Cortiña

21st century life explorer in Madrid, a city that makes sense
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