#YottaConexión 20.32: Seré #ActivadorDeÁureas

Hoy es 23 de enero de 2032 y cumplo 64 años. El chip instalado en mi cerebro me proyecta mentalmente las actividades de hoy y veo que todo está en orden. La inteligencia artificial ya está instalada en nuestra sociedad. En este 2032, el toque humano es lo que está sobreviviendo al tsunami actual.

Cada día me siento más joven. Pienso en los eventos que ocurren a mi alrededor y que mi cerebro interpreta en yoctosegundos y veo que todo está a mi favor. Mis marcadores de salud están mejor que nunca y cada año me alejo más de la edad media de la población, la cual crece exponencialmente en esperanza de vida. Cuando era pequeño, en el siglo XX, cumplir años era terrible. Ahora da igual. En mayo de 2017 ya se empezó a comprender que la salud era una cuestión de reprogramación conceptual gracias al Congreso de Criopreservación y Rejuvenecimiento organizado en Madrid por la Fundación Vida+, en el que participé en la sombra.

La tecnología del 2032 ya es exponencial. Cada vez soy más joven porque cumplo años de manera lineal y la esperanza de vida crece de manera exponencial. Me parece increíble que a medida que cumplo años estoy cada vez más alejado de la mediana edad. Todavía recuerdo cuando era pequeño que la crisis era a los 40. Ahora en el 2032 la gente ya no entra en crisis, porque seremos inmortales este año, según ha estado insistiendo José Luis Cordeiro, de la Singularity Digital Nation, desde hace varios años. Durante este 2032 se prevé una gran catalización de la tecnología de salud y por fin parece que seremos inmortales gracias a la inteligencia artificial.

Me siento a reflexionar, porque ahora todo cambia en todas las direcciones en yoctosegundos. El sistema de inteligencia artificial que gobierna Estados Unidos me conecta a una realidad virtual que me informa de todas las nuevas especies animales que se han ido recuperando gracias a la tecnología. Me alegro que hayan podido imprimir al extinto lince ibérico utilizando su código genético. Cada día se recuperan más especies vegetales y animales a base de investigar y imprimir cuerpos artificiales. Menos mal que el hombre ya no toma decisiones de gobernanza ni de medio ambiente. Ya aprendimos con los malos gobernantes de principios de siglo 21 que era mejor la inteligencia artificial que la estupidez humana.

En el 2032 el cuerpo físico es pura chapa. Lo cambias cuando deja de funcionar y lo rejuveneces cuando se agrieta. Yo ahora con 64 años soy así, según mi mapa de áureas:

Los colores representan mis áureas. Un sistema de inteligencia artificial monitoriza mis emociones y mide mi grado de bienestar. Soy especialista en áureas desde el 2028. Me especialicé en

Los colores del rostro representan mis áureas. Un sistema de inteligencia artificial busca mi equilibrio aúreo, monitoriza mis emociones y mide mi grado de bienestar. Soy especialista en áureas desde la Gran Crisis de 2028. Me especialicé en “el toque humano” después de comprender que en el 2032 alcanzaríamos la singularidad tecnológica y me tenía que diferenciar de los robots. Hoy mi áurea me indica que me he levantado energético y creativo. ¡Hoy es mi cumple y me voy a comer el mundo!

Soy activador de áureas y me encanta mi trabajo. Me permite acceder a conocimiento exponencial mediante la reflexión con otras personas, con quienes conecto mediante la tecnología de la telepatía. Con mis clientes ni hablo, no nos da tiempo a eso. Me comunico sin necesidad de hablar, porque ya accedemos a la misma información al mismo tiempo y nuestros procesos cerebrales llegan a la misma conclusión. Hoy ya todos accedemos a un sistema de telepatía aumentada que nos permite acceder al conocimiento ajeno en yoctosegundos, y como se transmite ya la información en yottabytes, limitarte hablando parece una tontería.  

Ahora hablar es diferente. La gente ahora sólo habla para transmitir sus emociones más personales y mi relación con mis clientes es profesional, no emocional. Con mis clientes, simplemente ordenamos datos y para eso utilizamos la inteligencia artificial. Con mis relaciones personales sí hablo, mucho, todo el día y con muchos a la vez por distintos canales. Ahora dedico mucho tiempo a mi vida personal y me comunico mucho. En el 2032 los humanos nos relacionamos mucho entre nosotros. Los robots puede que sean muy perfectos, pero no han sabido sustituir el toque humano, lo más preciado ahora mismo. Y ese mismo toque humano es el que me permite vivir hoy porque pude identificar un talento natural como activador de áureas, que es una profesión a la cual todavía no ha llegado la inteligencia artificial. Los humanos generamos empatía, que es donde no llegan los robots. Nosotros nos miramos e instantáneamente sabemos que somos dos humanos. Es cierto que hay gente descuidada que se equivoca con humanoides, pero son minoritarios.

A ver cómo es este año. Se supone que es en 2032 cuando la inteligencia artificial supera a la humana. Este hecho nos tiene a todos un poco nerviosos porque no sabemos realmente qué puede pasar a partir de ahora. Dicen que es fin de la humanidad, tal como la conocemos. Yo siento que las áureas de mis clientes están muy debilitadas y sé que eso les hace sentirse vulnerables. La vulnerabilidad es la nueva enfermedad del 2032. Ocurre cuando te llega demasiada información que no comprendes y te entra el miedo. Visualizas el cambio y te parece tan grande que no sabes cómo pararlo. Te genera frustración no poder congelar el tiempo. Imaginas que cambia todo, salvo tú. Eso hace a la gente sentirse vulnerable y repercute negativamente en sus áureas, que me encargo de reconstruir vía reflexión sosegada. Nosotros somos pares y generamos soluciones inéditas.

Soy un ciudadano 5 estrellas y tengo acceso a la mejor cartera de clientes con necesidad de reflexionar. Todas las personas con las que me relaciono somos pares 5 estrellas y todos disfrutamos de un mundo distópico P2P en el que todo está diseñado para que los ciudadanos 5 estrellas estemos bien entre los nuestros. Nadie se atreve a dejar de ser 5 estrellas. Todos estamos conectados y de vez en cuando te acuerdas de aquella amiga que ya no ves. Sabes que recibió una mala evaluación y eso le afectó la reputación digital. Seguramente esté con otros no-5 estrellas, la pobre, aunque seguramente esté más relajada. La verdad es que la reputación digital controlada por la inteligencia artificial es una tiranía. Es casi peor que Hacienda.

Mi trabajo como “Activador de Áureas” me permite aprender exponencialmente. Ahora comprendo cómo cuánticamente un infinito puede ser infinitas veces más grande que otro infinito. Me pasa con mis clientes. Conectamos conocimiento y lo vamos ordenando. Mis clientes me pagan por reflexionar exponencialmente juntos y llegar a conclusiones eficientes. La premisa en el 2032 es que la disrupción exponencial procederá de la inteligencia artificial, que ya es más eficiente que la inteligencia humana. Eso genera un reto enorme en las cabezas de mis clientes. Ahora cualquier solución tiene que ser global, puede morir en nanosegundos (¡ahora nanosegundos es una eternidad!) y debe estar adaptada a infinitos canales que responden a infinitas demandas de emociones que mutan de manera infinita. Nosotros compartimos conocimiento, reflexionamos y generamos soluciones y eso les permite una mayor tranquilidad en su percepción del futuro. Comprender una situación nos genera bienestar y eso repercute en nuestras áureas.

Sin quererlo, mi talento natural me permite cambiar la mentalidad de mis clientes. Muchas veces veo que su problema es que son lineales e innovadores, pero no disruptivos ni exponenciales. Mi trabajo me permite mantener permanentemente una mentalidad exponencial y disruptiva. Por lo menos ahora que sólo tengo 64 años, me encuentro fuerte y todavía tengo margen de tiempo en esta tercera adolescencia post-after punk en la que entras cuando te haces un alocado sesentañero. Con setenta parece que es peor. Dicen que a los setenta es cuando empiezas a vivir.Cuando llegue a los 70, dirán que no hay nada como vivir los “happy 90s”…y así. Llego tarde siempre a todo. Hasta a la crisis de la mediana edad. Ese concepto es de otro tiempo, que yo no podré vivir.

No consigo visualizar mi jubilación. Siento que cada día aprendo más y que no ha llegado ningún tipo de declive en mi profesión. Al revés, con el conocimiento de mis clientes más mayores accedo hasta a ecosistemas de sabiduría y eso sabemos todos que a ello sólo accedemos la inteligencia artificial y los ciudadanos 5 estrellas. ¿Cómo no me va a gustar mi trabajo? Si vivir feliz eternamente es el paraíso. Y todos queremos vivir un día más…

Si te interesa el 2032, conecta conmigo por telepatía.

Post dedicado a José Luis Cordeiro (Singularity University)

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Acerca de Rafael Martinez-Cortiña

21st century life explorer in Madrid, a city that makes sense
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