Hola terrícolas. Soy Rafa, ciudadano de Asgardia

El Centro Internacional de Investigación Aeroespacial en Viena (Austria) ha lanzado un experimento singular: la creación de una comunidad global de ciudadanos conectados que desean contribuir con su conocimiento, su experiencia y su criterio en la creación de una sociedad humana. Si, una sociedad humana porque nuestra sociedad es actualmente industrial. Pero… ¿cómo sería una sociedad humana?

Asgardia es la primera comunidad de ciudadanos productores conectados en torno a un ideal: Construyamos con nuestro conocimiento la sociedad ideal. ¿Lo conseguiremos?

Asgardia es la primera comunidad de ciudadanos productores conectados en torno a un ideal: Construyamos con nuestro conocimiento una sociedad humana. Y todos nosotros con la misma duda: ¿qué es una sociedad humana?

La sociedad en la que vivimos se rige bajo los mismos parámetros de una sociedad industrial que empezó hace unos 200 años. La sociedad se volvió industrial con la aparición de una nueva tecnología que lo cambió todo: la máquina de vapor. Ahora la situación ha vuelto a generar un gran cambio social con la introducción de Internet. Pero, ¿qué es lo que está cambiando? Imaginemos tres paradigmas: la sociedad agraria, la sociedad industrial y la sociedad digital. Para entender la magnitud de los cambios veamos, por ejemplo, cómo ha cambiado nuestra actitud ante el factor “producción” bajo los tres paradigmas.

En la Sociedad Agraria, desde el Neolítico hasta finales del s. XVIII, la población quiere subsistir ANTE la producción.

Durante unos unos 10.000 años la mentalidad era de autoconsumo y la tecnología no permitía ni producir más, ni almacenar ni distribuir a mercados que no existían. El trueque se vuelve una práctica común. La población es básicamente iletrada y depende de factores externos (climatológicos, guerras, pestes, incendios, etc) que no le permite progresar. Consumen lo que buenamente pueden producir.

En la Sociedad Industrial (s. XIX y XX) la población quiere competir CON la producción.

El esquema social empieza a girar en torno a las empresas. La máquina de vapor permite producir más a nuevos mercados, lo que genera soluciones en almacenamiento y distribución. Sin embargo, en el siglo XIX la sociedad estaba totalmente oprimida y era relativamente ignorante. A medida que la Revolución Industrial avanzaba, los antiguos agricultores emigraban exhaustos a los crecientes núcleos industriales, donde terminaron aprendiendo una sola función por períodos durante el resto de sus vidas a cambio de un salario periódico. Como no tenían el hábito del gasto, se generó por primera vez el ahorro en las décadas de 1860 y 1870, cuando se despliegan en gran medida los bancos.

Hasta 1880 el sistema fluye de manera intensa, con crisis intermitentes. Las nuevas ciudades se van llenando de edificaciones que acogen a decenas de miles de nuevos inmigrantes, que se forman en los talleres, de la mano de los gremios. La Iglesia Católica da cobijo escolar a la ingente nueva población infantil. El constante progreso de las condiciones médicas e higiénicas de la población urbana; el aumento de la riqueza general de los nuevos obreros como consecuencia de la industrialización; la emigración a otros continentes; la inmigración del campo a la ciudad; y la mejora de las comunicaciones (que facilitaron el intercambio de los productos y un abaratamiento de estos) despoblaron los campos y poblaron las ciudades. La población estaba aprendiendo a competir. Y hemos aprendido a competir CON una producción que sabemos manipular cada día mejor.

En la Sociedad Colaborativa (s. XXI) la población quiere participar EN la producción

La crisis de 2008, la introducción de la tecnología digital en el día a día y la necesidad de generar soluciones a comunidades de ciudadanos conectados genera un cambio drástico a nivel global. Millones de ciudadanos conectados bajo la mentalidad millenial generan las comunidades colaborativas, que ya no centralizan el conocimiento ni el trabajo en torno a una empresa, sino que lo distribuyen en la comunidad. Surgen nuevos espacios basados en la confianza, donde trabajan conjuntamente clientes, proveedores, asesores o comerciales. Los espacios de coworking inspiran la intercomunicación, la creatividad y la colaboración, y los FabLabs son una red global de laboratorios locales que proporcionan herramientas de fabricación digital a personas que trabajan en ese ámbito. Distintos esquemas colaborativos favorecen el intercambio de conocimiento y la colaboración interprofesional.

Ya no se centraliza ningún proceso de decisión, sino que se distribuye entre los miembros de la comunidad, permitiendo distribuir el trabajo entre los miembros de su comunidad y se nutre de sus interacciones. En 2016, los emprendedores ya no desean montar empresas, sino plataformas. Los medios de comunicación resaltan que la innovación procede del ciudadano. Por primera vez, las empresas se fijan en la economía colaborativa, porque intuyen que algo está pasando, aunque no llegan a entenderlo del todo.

La gran revolución del siglo XXI es la aparición del ciudadano productor. Conectado, encima es hasta extraterrestre

El ciudadano productor es un ciudadano digital y proactivo capaz de producir pequeños ingresos a través de la tecnología cuando se conecta a su comunidad de pares (sus iguales) bajo esquemas Peer-to-Peer. También es capaz de generar contenidos de calidad que permiten catalizar en sabiduría. Parten del dato (el “qué) para ofrecer información de calidad que permite comprender al resto el “cuándo” y el “cómo” (la sabiduría).

En las comunidades virtuales Peer-to-Peer cada miembro genera aportaciones que son consideradas personales, y en ningún caso representen a marcas ni a siglas. Se parte de que cada miembro de la comunidad de cada ecosistema tiene formación, experiencia y criterio suficiente para contribuir, sin ser determinante su posición laboral. Además, todas las comunidades pretenden construir un espíritu Peer-to-Peer (entre pares, entre iguales), de manera que siempre parece más conveniente que cada miembro aporte como ciudadano productor, que no como una empresa proveedora de servicios.

Y así estamos en Asgardia, la nueva nación en el espacio. Nos hemos constituido hace dos días y todavía no sabemos ni qué hacer en nuestro nuevo papel de ciudadanos del espacio. Sin embargo, sí sabemos que hay mucho camino avanzado. Sabemos que somos ciudadanos productores que deseamos generar un cambio social. Nosotros mismos no sabemos hacia dónde ni cómo. Sólo sabemos que contamos con la confianza de que en nuestra nueva comunidad de pares todos aportaremos nuestra sabiduría para generar el mayor reto de todos los tiempos: la integración global de la sabiduría de ciudadanos con la peor de nuestras armas (la empatía). No podrán con nosotros aportando conocimiento a un enorme cerebro mundial interconectado 24/7.

No sé dónde nos va a llevar la integración de la sabiduría, pero yo quiero estar en lo alto de esa ola 🙂

 

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Acerca de Rafael Martinez-Cortiña

21st century life explorer in Madrid, a city that makes sense
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