Por qué la economía colaborativa no es del todo posible en España

La tecnología cataliza hacia cosas mejores, pero sólo cuando la has comprendido. La mayor catálisis del aprendizaje: la innovación. En España seguimos sin llegar a comprender Internet del todo, así que no llegaremos a innovar.

Cuando me piden opinión sobre la salud de la innovación en España, a menudo respondo con el mismo símil, pero resulta tan ilustrativo que no consigo mejorarlo. Se trata del siguiente símil:

“Parece ser que en en el extranjero han inventado una nueva tecnología que se denomina imprenta. Permite multiplicar el conocimiento con menos recursos, lo que repercutirá positivamente en una sociedad más formada y autónoma. Sin embargo, existen tres grandes frenos para su implantación en España:

  1. Nos da miedo. Ante la clásica actitud negativa del “vaya Usted a saber lo que se podría llegar a imprimir“, en España surge automáticamente la idea del “es mejor controlarlo“. Ante el menor atisbo de innovación, rápidamente se requieren normativas, leyes y decretos que lo delimiten, definan y controlen, incluso antes de nacer. “No vaya ser que…
  2. Dividimos hasta llegar a cero. En España ya parece lógico que cualquier mínima norma tenga que tener su sello autonómico, y hasta local. En el caso de la imprenta, en tu comunidad autónoma los ignorantes e interesados políticos te permitirán imprimir sólo con vocales. En la mía, sólo con las 10 primeras letras del alfabeto. En la del otro, sólo las letras con rabito. Y así. No llegaremos a producir conocimiento y tiraremos los recursos tontamente porque no se permite realizar la actividad.
  3. Ay, los gremios. Si llega la imprenta a España, ¿qué hacemos con los gremios de escribas? Hay que recordar que son los únicos con licencia y por ello, los únicos que tienen el derecho a escribir. Para los demás, está totalmente prohibido. Sobre todo, ¿cómo pagan los 150.000 sextercios de oro que deben a los prestamistas para los próximos 40 años? Si permitimos la llegada de la imprenta y que cualquier ciudadano se beneficie, dirán que es competencia desleal.

Ante esa situación, todos los reguladores creen infinitamente más sensato limitar el desarrollo de la imprenta en España, además “por el bien de los consumidores”. Y sobre todo, una vez limitada la actividad se sienten aliviados. Han cumplido su papel.

Conclusión: Entre que nos da miedo, sólo sabemos dividir y que el pastel estará repartido entre cuatro…

Si el conocimiento no puede llegar a la población hasta el punto de tener una clara comprensión de las cosas, ésta no puede continuar al siguiente punto, a poder innovar. Si nuestras cabezas siguen llenas de incógnitas porque no terminamos de entender lo que está pasando, difícilmente podremos generar nuevas ideas para mejorar nada.

Esa es mi impresión del desarrollo de la economía colaborativa en España. Es una auténtica pena que enfrentándonos a los mayores retos que hemos tenido en siglos, sigamos sin apertura de mente en cinco frentes concretos. Cualquiera de ellos te permite llegar a final de mes, generar reputación digital y empatizar con tus pares (miembros de tu comunidad):

  1. #Homesharing, actividad que permite una salida digna a profesionales que no consiguen trabajo. Es una actividad que empodera especialmente a la mujer, permitiéndole flexibilidad, reconocimiento, igualdad de ingresos, autonomía y desarrollo. Sin embargo, esta actividad propia del ciudadano productor colaborativo será otrogado vía Decreto a las empresas competitivas. Lo veremos en Madrid con el próximo Decreto. Será la muerte definitiva del concepto en Madrid y se convertirá en una actividad mercantil de las empresas. Ay los competitivos y analógicos hoteleros, tan innovadores ellos, tomando decisiones sobre nuestro futuro colaborativo digital.
  2. #carsharing, esquema que se divide entre aquellos que comparten gastos y aquellos que conectan vía comunidad y generan ingresos. Permite enfrentarnos de manera proactiva a todos los retos de movilidad que ahora nos ahogan, en las ciudades y carreteras. No permite resolver el reto de qué hacer con los taxistas, esa unidad productiva catalizadora del cambio, como puede observarse. La innovación en España necesita de la visión reactiva y analógica de los taxistas, sin duda. Su peso en el PNB español así lo recomienda.
  3. #energysharing, otra cuestión en la que en España estamos a cero pelotero. Plataformas que conectan a ciudadanos y les permite tomar decisiones sobre su energía son casi impensables en España. Recordemos los intereses de los gremios. Cuidado, que Apple y Telefónica desean ser nuestras compañías de energía. Los Endesa, Iberdrola y Unión Fenosa preferirán ir a alimentar el Internet de Energía, vía grid, para tener big data de nuestra vida doméstica en el 2020, cuando 50.000 millones de objetos domésticos estén conectados bajo 5G en el Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT). Es el mayor reto de todos los tiempos. Generará un antes y un después.
  4. #talentsharing, actividad que puede perfectamente desarrollar el ciudadano productor, ese nuevo ciudadano del siglo XXI que es capaz de generar microingresos a través de la tecnología con lo mejor que tiene: sus talentos puestos a disposición del resto de miembros de la comunidad. Vuelven los gremios. No puedes ni hacer una visita guiada a tus pares por tu ciudad si no eres guía diplomado. ¡Qué ridículo en el siglo XXI!
  5. #fintech y todos sus derivados en seguros, productos y derivados financieros que empezarán a ofrecer Airbnb, Google y Apple a los miembros de su comunidad o a clientes. Será vital la reputación digital. En España apostamos por la cuenta 1,2,3 del Banco Santander, máximo icono de la innovación bancaria, que permite…mmm…nada, en realidad, más que sentirte atrapado.

Y, además está la cuestión cultural. En las culturas anglosajonas, “compartir” significa compartir gastos, mientras que en España lo interpretamos como ofrecer gratis. Por ello, la gente se sorprende que haya transacciones económicas en la economía colaborativa. Interpretan la economía colaborativa erróneamente como una economía gratuita del truque. Nada más alejado. Es la economía de los ciudadanos y estos lo hacen precisamente para pagar sus facturas. Que se lo cuenten a los miembros de Wallapop.

Espero estar totalmente equivocado. Espero que mi análisis sea totalmente erróneo y que el futuro de la innovación es España goce de una magnífica salud. Espero que se comprenda el potencial del ciudadano productor para el bien de nuestro futuro. Si no, me pongo a llorar.

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Acerca de Rafael Martinez-Cortiña

21st century life explorer in Madrid, a city that makes sense
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