Empatía ante la adversidad

El factor humano en el esquema de economía colaborativa permite tanta flexibilidad que lo que supondría una amenaza a la industria, para el ciudadano puede ser una gran ventaja. 

Según Paulo Coelho, la vida siempre espera situaciones críticas para mostrar su lado brillante. Hasta ahora mi experimento vital en el contexto colaborativo ha sido sólo positivo. Hasta ahora he tenido la satisfacción de resolver pequeñas dificultades ajenas. Esa resolución de problemas ha sido relativamente sencilla, dado que yo siempre juego en mi campo y todo ha podido resolverse sin demasiado dolor. Demuestra la importancia de un anfitrión turístico cuando un huésped encuentra una dificultad en una ciudad extranjera, por ejemplo. La situación cambia cuando tu anfitrión te acompaña a la Comisaría de Policía por un robo callejero y se encarga de que la experiencia no sea demasiado desagradable. O cuando tu anfitrión te puede explicar con tranquilidad el motivo por el cual la primera ciudad de Europa que visitas tiene miles de toneladas de basura pudriéndose en las calles. Explicas que es una huelga y aclaras sus motivos, y Madrid pasa de ser un apestoso estercolero a una vibrante ciudad en plena encrucijada. O cuando decides quedar con tu hijo en Madrid para pasar un fin de semana juntos, viviendo tú en Zurich y él en Nueva York, y él de repente no pueda viajar a Madrid por motivos laborales. Una señora de 72 años que se encuentra colgada en una ciudad extranjera ya no disfruta de la experiencia si el motivo principal del viaja falla. Más si no se han visto en seis meses. Sin embargo, todo eso ocurre en Madrid, en mi casa, donde tengo los elementos a mi favor. No resulta complicado improvisar soluciones adaptadas a cada situación y disfrutar de cómo cambian las cosas. Un anfitrión puede darle la vuelta a la tortilla sin mayores problemas y ése es uno de los elementos diferenciadores. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando es al revés?.

Hoy, por primera vez, he podido sentir los efectos de la adversidad. Nunca pasa nada, pero cuando pasa, suele ocurrir en el momento menos indicado. Por designios del destino, hoy he aprendido que OTRO rasgo diferencial de las personas que operan en el marco de la economía colaborativa es la empatía, lo que demuestra que en este contexto de nueva economía los pares se buscan, se encuentran y empatizan en caso de problemas. Ello no ocurre con la industria y esa empatía no se habría producido, porque son elementos diferentes. Uno es una industria y otro es una persona. Las industrias se organizan con la intención de obtener beneficios financieros y un crecimiento económico constante. Las personas se organizan con la intención de obtener beneficios emocionales y un crecimiento humano constante. Es difícil que dos elementos diferentes empaticen en la misma medida que dos elementos con rasgos comunes. Así, dos industrias o dos ciudadanos de manera natural tienden a empatizar entre sí. Creo que ésta es una conclusión relevante que aporta otro elemento diferenciador a los que ya explican la explosión de la economía colaborativa en el panorama actual.

La confianza entre pares genera el negocio y la empatía permite disfrutarlo. La empatía aparece como uno de los elementos principales que permiten satisfacer las demandas de un nuevo nicho de mercado. Pasamos de la economía de la propiedad a la economía de acceso.

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Acerca de Rafael Martinez-Cortiña

21st century life explorer in Madrid, a city that makes sense
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4 respuestas a Empatía ante la adversidad

  1. Cuanto peso da a su argumento el que sabe de lo que habla…bonito video 😉

  2. Luis dijo:

    Son las ventajas competitivas de la economía colaborativa. En definitiva todo son ventajas. Más directo, más empático, enfocado a los valores humanos. Nos estábamos olvidando de nosotros mismos. Necesitamos del otro, de los otros, el mundo debe ser colaboración, ayuda, intercambio.

  3. Alberto dijo:

    Hoy estoy divagando…
    Un hotel es un hotel, un restaurante es un restaurante, un taxi es un taxi… Son negocios, de los que sus trabajadores viven, y que están sometidos a muchas normativas y regulaciones, a veces creadas con su apoyo para restringir el acceso al sector. De hecho, esas regulaciones, normativas, cargas fiscales… son las cosas en las que se apoyan para ir contra la economía colaborativa.
    Antes, las personas que iban fuera del camino regulado eran pocas, y el peligro o daño que causaban (desde el punto de vista de las empresas) era limitado. Ahora, con internet, ya no es así.
    ¿Quién iba a una residencia privada, sin poderla ver, sin tener referencias previas, algún tipo de seguro…? ¿Quién viajaba con un desconocido? ¿O comía en casa de un desconocido, o su comida? Ahora lo que ha cambiado es que lo desconocido ya no es tan desconocido, tiene referencias, evaluaciones, etc.
    Pero está la cuestión administrativa. Las administraciones se han convertido en un foco de problemas, en lugar de un lugar de soluciones. Para empezar, que no es poco, las administraciones tienen un tamaño tan grande que necesitan “comerse” cerca del 40% de la producción de riqueza del país (normalmente, parte es de la riqueza creada, y parte es de la futura, mediante deuda). Parte de ese dinero se usa en compromisos adquiridos (pensiones, desempleo…), aunque hoy en día intentan repudiar esos compromisos en la medida que pueden (por ejemplo, ¿quién tiene claro qué pensión va a cobrar, cuándo…?). Pero otra parte de ese dinero se usa para controlar y limitar las libertades de la gente.
    Ese control y limitación, además tiene contradicciones por todas partes. Por un lado se sobrecarga todo con múltiples normativas, que incrementan costes y penalizan la eficiencia. Por otro lado, se penaliza la falta de eficiencia o se ayuda a algunos procesos eficientes. Dicen querer desarrollos sostenibles, pero penalizan el aprovechar recursos ya existentes para dar servicios; penalizan sistemas con eficiencias no muy altas pero prohíben realizar cambios que mejoren la eficiencia (u obligan a que los cambios sean poco prácticos y muchísimo más caros)… Lo “verde” choca con lo “azul”, que choca con lo “rojo”… Las grandes empresas, o los lobbies, son las únicas capaces de aprovecharse de esto, ya que por un lado lo usan para deshacerse de la competencia, por otro son capaces de aprovechas todas las ayudas y subvenciones, y por otro llegan incluso a sortear las imposiciones que no les convienen…
    Los ciudadanos no pueden hacer eso. Primero, no tienen tiempo ni recursos para estudiarse las normas de la misma manera. Segundo, no pueden defenderse de la administración (lleva demasiado tiempo y dinero). Además, no tienen una sede social que llevar a otra región que les favorezca más. Tampoco se benefician de economía de escala, o de la especialización en una parte del trabajo (por ejemplo, un anfitrión además de ser anfitrión, se ocupa de limpieza, suministros, averías, etc., etc.). Ni, en general, son capaces de hacer fuerza ante la administración (no hablemos de otros procesos más opacos, que pueden ir desde el simple funcionario que tiene que tramitar un permiso, hasta un alto cargo que va a legislar). Los créditos son más difíciles de obtener, normalmente más caros, y arriesgando su patrimonio personal o incluso familiar (no el de la empresa)…
    Ante esto, el ciudadano sólo puede unirse para recuperar su libertad, y hacer presión con ello y mediante el voto. Hay que recordar que no son las empresas (hoteles…) quienes pueden prohibir la economía colaborativa, sino los políticos.

  4. Alberto dijo:

    Respecto a la entrada, la empatía es uno de los factores humanos que hacen falta en la economía. Y no hablo simplemente en el caso de diferenciar la economía colaborativa de la más general hoy en día. La mayoría de las empresas carecen por completo (o casi) de empatía interna. Curiosamente con la aparición de los departamentos de recursos humanos, fue desapareciendo la parte humana de los recursos, siendo sustituida por “eficiencia”, “productividad”, “proactividad”, y un largo etc. Lo cual en general creo que ha creado la desafección, y la impostura, falsedad…
    Quizás lo que no consiguen hacer las empresas, humanizarse, lo consiga forzar la economía colaborativa. Quizás llegue a surgir una economía humanitaria.

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